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Surcar los aires a más de 200 km/h llevando a su espalda un ala rígida provista de cuatro reactores, tal es la asombrosa hazaña realizada por el aviador suizo Yves Rossy que le ha valido el nombre de Jetman. A la vez hombre pájaro, inventor y deportista consumado, este piloto de línea profesional es el digno heredero de aquellos «chiflados voladores» que marcaron los inicios de la aviación.
Después de que un día se quedara arrinconado contra un árbol cuando todavía era un niño, Yves Rossy se juró que «de mayor sería pilotos». Pilotos con s final, pues a las ganas de volar se sumaba ya la sed de múltiples aventuras y el gusto por las sensaciones fuertes. Ahora se ha visto cumplido su sueño inscribiendo para siempre su nombre en los anales de la aeronáutica. Nacido en 1959 en Suiza, de los 20 a los 28 años Yves Rossy sirvió como piloto militar profesional de aviones como Hunter, Tiger F-5 y el caza supersónico Mirage III. De 1988 a 2000, fue copiloto de Swissair y desde entonces sigue en activo como comandante de abordo para Swiss International Airlines.
Paralelamente a su carrera profesional, no ha cesado de explorar otras maneras de surcar los aires: paracaídas, caída libre, skysurf, deltaplano, parapente, biplano acrobático, etc. Su nombre empieza a conocerse gracias a varias hazañas algo extravagantes, como volar atado por las manos a las alas de dos aviones o saltar en skysurf desde un globo. Asimismo se afirma como deportista de múltiples talentos. Entre sus hazañas figura una vuelta a Suiza en un día utilizando veinticinco medios de transporte (avión, moto, snowboard, esquí, alpinismo, parapente, VTT, salto con elástico, helicóptero, caída libre, rafting, hydrospeed, kayak, coche de carreras, deltaplano, equitación, barefoot, esquí náutico, wakeboard, speed boat, etc.)
De espíritu inventivo e intrépido, Yves Rossy se ha empeñado siempre en desarrollar nuevas técnicas de vuelo y multiplicar los ensayos con numerosos aparatos. En 2002, un ala hinchable le permitió salvar los 12 kilómetros que separan las orillas suiza y francesa del lago Leman. Pero ya está germinando en su cabeza otro reto: convertirse en el primer «hombre volador a reacción» del mundo gracias a un ala individual provista de reactores. Después de las primeras pruebas fallidas con un ala hinchable, idea un ala rígida y desplegable de carbono. En junio 2004 logra un primer vuelo horizontal de seis minutos con dos reactores. Dos años después, provisto de cuatro reactores, consigue por vez primera ganar altitud en pleno vuelo.
El 26 de septiembre 2008, Yves Rossy entra en la historia al cruzar la Mancha con su ala a reacción, 99 años después de la legendaria hazaña de Blériot. Después de lanzarse desde un avión Pilatus Porter sobre Calais (Francia), salta varios cientos de metros al vacío a alrededor de 300 km/h, antes de desplegar y estabilizar su ala y dirigirse hacia las costas inglesas a una velocidad de cerca de 200 km/h. Además de su ala lleva como único equipamiento un casco en la cabeza, un altímetro en la muñeca, un cronógrafo para verificar el consumo de queroseno, una palanca de gases para dar potencia -y su propio cuerpo para asegurar la dirección y la altitud. Tras 9 minutos y 41 segundos aterriza con su paracaídas en un campo cerca de Douvres (Gran Bretaña), ante las cámaras del mundo entero.
Después de crear un nuevo tipo de ala individual, más pequeña y estable, Jetman está pensando ya en otros proyectos, entre ellos una travesía del Gran Cañón del Colorado. Para llevar a cabo sus hazañas más cerca de los espectadores, está igualmente desarrollando un paracaídas pirotécnico que le permitirá volar a menos de 200 metros del suelo. ¡Una manera, entre otras, de realizar su viejo sueño infantil de convertirse en «pilotos»!