Inspirado en el diseño de los años 1940-1950 y dotado de la célebre regla de cálculo circular para pilotos, el cronógrafo Montbrillant debe su nombre al edificio de la ruelle Montbrillant, en La Chaux-de-Fonds, que albergó de 1892 a 1979 los talleres Breitling. Fue en estos locales donde la marca ideó y puso a punto las creaciones y los avances técnicos que cambiarían la fisionomía del cronógrafo de pulsera, entre ellos el primer pulsador independiente (1915), el segundo pulsador independiente (1934) y el primer cronógrafo automático (1969). Y fue aquí igualmente donde Breitling fabricó sus célebres cronógrafos de a bordo que lo convirtieron en el «proveedor oficial de la aviación mundial», en plena expansión del transporte aéreo a hélice y después a reacción. En la actualidad, el espíritu Montbrillant vuelve a estar presente en una colección de cronógrafos cuyos detalles estéticos rinden homenaje a la gran tradición, como son las agujas estilizadas, la centésima de hora en el centro de la esfera o la B estilizada de oro de 18 quilates.