Termina una era

Termina una era

En medio de las turbulencias de finales de los años 70 del pasado siglo, Willy Breitling seguía siendo el mismo grand seigneur de la vieja escuela. Luchaba ya con problemas de salud mientras sus hijos, Gregory y Alain, eran aún jóvenes y –como tantos otros– veían un futuro incierto para el sector. El consumado emprendedor decidió que ya era tiempo de jubilarse. En abril de 1979, poco antes de morir, vendió los activos que conservaba junto con los nombres de marca y los modelos de reloj consolidados, entre ellos su amado Navitimer, pasando así todo este patrimonio a manos de Ernest Schneider, emprendedor visionario y, como no podía ser menos, también relojero y piloto; su familia custodió el legado de Breitling hasta 2017.